…mastícala pes cholo
la cactas no?
o sea waro loco ps
un trip de esos que dan pena ps
de los q pasan cuando juntas chamos,
grifa, pay y las lagrimas del Dios cebolla.
*Claro ps! Esos que te dejan recontra mambiado
Pensando en la eternidad del mosquito.
Si! de esos bien flashgordon ps
o flash por atrás pe
bien así, pa decirle al editor…
Oe deja de meterte quetas ps weon
que has metido la cinta a la licuadora,
o sea no es grifa pa que la metas a la licueitor ps
desmoña nomas.
*Desmoña nomas que necesito legalizar ya!
Antes que llegue el broder conscience y me joda y joda y joda
Y me aplasten los huevos en el pan.
O sea como para decir que el editor de video,
se mete supositorios de opio pa chimpancé,
esos que se usan como yombina pa elefantes.
O sea hay que jugar con los tiempos,
con los colores,
como cuando tas con la bajona y tu flaca no viene ps
y no hay ni siquiera pan seco pa jamar ps
y ves too en colores.
*Como cuando la llamas pero está con sus amigos
Y alucinas ps, estas cagado,
Alucinas feo ps weon
Y te metes un falso de a diez y pooota…
Sales como mimo
Y la ves lateando con un weon,
Y no es ella weon
Nunca es ella weon.
*Y esos… los que le dan la palmadita en la espalda,
Le dicen con sus palabras conciliadoras que no eres para ella.
Mientras grua grua tan que gritan…
Mientras le soban la espalda imaginándola calata y borracha.
Hasta que ella llega al punto de decirte que no puede dar más.
Mientras tu estas sentado hecho un huevón en alguna calle azul,
Azul azul…
Con una mosca azul.
La huevonada del blue acid disparando fims en un ecran tallado a mano.
pensando lo que no quieres pensar y llega el conche su mare’ de verde
a pedirte tus papeles y le tienes que bajar los únicos soles que tienes.
Pero como a ellos no les parece suficiente encima te pegan y tú peleas,
muerdes, lanzas tus mejores y peores golpes.
*Luego tienes los ojos abiertos y recién despiertas.
Con-che-su-ma-dre!
Ella no te llamó.
La quieres asesinar…
un buen pretexto pa tocarla.
Después despertarse al lado de una piscina
como un bebe talkeado no te rías que si es talco.
La wada…
la madre del pinche cordero,
la piedra angular es el vacio,
el puto vacio de mierda,
que hace a uno quedarse como imbécil mirando el matarratas fijamente por horas y horas,
el maldito vacio que te hace dar el gran salto del puente Villena.
Y te das cuenta que está cercado,
ya no podrás volar.
marzo 07, 2009
febrero 23, 2009
El final
El hombre devastado,
todo el mundo gira
gira
y gira
pero él no avanza.
Él camina diez, veinte pasos
no avanza.
No hay nada que importe,
nada que merezca avanzar
todo está bien a su alrededor
pero en él no hay algo,
algo que lo haga sentir bien,
aquella mujer.
La carta es el final,
con la carta él demuestra todo,
ya no hay más que hacer.
Escribió la carta,
ella está muerta
no va a venir,
puede venir quien sea,
pero si ella no viene
él no se salva.
En retrospectiva
todo termina,
todo cuando escribe la carta.
Se muere,
el final.
diciembre 08, 2008
Por los siglos de los siglos...
Se abre una compuerta
Por los siglos de los siglos padre mío.
Esperar tus respuestas está impidiendo que claudique mi corazón.
Y te encontré, atrás de un halo de luz
Porque la luz inexplicablemente no logra mostrarme el camino.
En estos instantes te preguntas
¿Quién seguirá mis pasos?
Dirigiéndote al monstruo que otros nombraron
Como tu hijo eterno.
Espero paciente para que rasgues mi túnica señor de los abismos
Destruirán mi cuerpo
Por los siglos y los siglos
Un coro y amen.
Tú que condenaste a los sacerdotes
Mercaderes ignorantes ante el único fuego
Que podrá salvar
No
Nunca seré yo.
Ella murió Padre
No pude enterrar sus huesos
Y recordé
Pude haber terminado con todo
Mucho antes de empezar
Tomar un camino distinto esa tarde
Pero tú guiaste mis pasos
Sin sonreír Padre.
Es que en el fondo
¿Sabías algo?, sagrada vaca que juegas a ser ignorante
Y ahora no sabes qué explicar.
No peines más tu barba
Escucha
No estoy llorando
Con los siglos y los siglos
Logré aprender
Que si muestras una lagrima
Pensarías.
Lo digo en serio
Que soy indigno de ser conocido como el hijo,
Que escapó, para siempre perderse
Por eso Padre
Deja que no pierda lo que más quise
Es que ella me dejó un papel en blanco
Pegado a la pared
Intenta explicarme
Por qué lo pego a la pared
Y no a mi corazón
Acaso no tengo corazón
¿Y tengo muchas paredes?
Y para qué seguir con esto Padre
Si no escuchas ni entiendes la razón de mi galopar
Porque me siento más cerca a esos bichos
Bichos de tu reino Padre
Que vagaron libres por estas tierras
Ya nunca de ellos
Ni mías.
Es que al príncipe lo desalojaron de tu reino
Padre
Escupo en tu túnica
Dejaste a tu hijo arrastrarse adolorido
Con alfileres clavados en los parpados
Y después quieres que no odie tus abrazos
Y odie la soledad
Insignia de mi andar
Por los siglos de los siglos Padre.
He aquí mi único pedido.
Ni misericordia
A tus pies
Con todo el odio que te tengo
Y el respeto a mis palabras que eso genera
Ante tu imagen
De vaca sagradaBarbas cuidadas.
Te digo:
Padre mío que dices acompañarme
Limpia tu nombre en mis recuerdos
Trae por lo que más quieras
Salvación a mis caídas
Y no oprimas con tus dedos mi voluntad
Es lo único que tengo
Dame desde hoy la fuerza para retorcer
Pescuezos
Cobarde ante muchos
Y no ante ti
Perdona eso
Y no intentes recibir más
Mucho me dañaste.
Ya mucho me dañaste.
Amén.
Por los siglos de los siglos padre mío.
Esperar tus respuestas está impidiendo que claudique mi corazón.
Y te encontré, atrás de un halo de luz
Porque la luz inexplicablemente no logra mostrarme el camino.
En estos instantes te preguntas
¿Quién seguirá mis pasos?
Dirigiéndote al monstruo que otros nombraron
Como tu hijo eterno.
Espero paciente para que rasgues mi túnica señor de los abismos
Destruirán mi cuerpo
Por los siglos y los siglos
Un coro y amen.
Tú que condenaste a los sacerdotes
Mercaderes ignorantes ante el único fuego
Que podrá salvar
No
Nunca seré yo.
Ella murió Padre
No pude enterrar sus huesos
Y recordé
Pude haber terminado con todo
Mucho antes de empezar
Tomar un camino distinto esa tarde
Pero tú guiaste mis pasos
Sin sonreír Padre.
Es que en el fondo
¿Sabías algo?, sagrada vaca que juegas a ser ignorante
Y ahora no sabes qué explicar.
No peines más tu barba
Escucha
No estoy llorando
Con los siglos y los siglos
Logré aprender
Que si muestras una lagrima
Pensarías.
Lo digo en serio
Que soy indigno de ser conocido como el hijo,
Que escapó, para siempre perderse
Por eso Padre
Deja que no pierda lo que más quise
Es que ella me dejó un papel en blanco
Pegado a la pared
Intenta explicarme
Por qué lo pego a la pared
Y no a mi corazón
Acaso no tengo corazón
¿Y tengo muchas paredes?
Y para qué seguir con esto Padre
Si no escuchas ni entiendes la razón de mi galopar
Porque me siento más cerca a esos bichos
Bichos de tu reino Padre
Que vagaron libres por estas tierras
Ya nunca de ellos
Ni mías.
Es que al príncipe lo desalojaron de tu reino
Padre
Escupo en tu túnica
Dejaste a tu hijo arrastrarse adolorido
Con alfileres clavados en los parpados
Y después quieres que no odie tus abrazos
Y odie la soledad
Insignia de mi andar
Por los siglos de los siglos Padre.
He aquí mi único pedido.
Ni misericordia
A tus pies
Con todo el odio que te tengo
Y el respeto a mis palabras que eso genera
Ante tu imagen
De vaca sagradaBarbas cuidadas.
Te digo:
Padre mío que dices acompañarme
Limpia tu nombre en mis recuerdos
Trae por lo que más quieras
Salvación a mis caídas
Y no oprimas con tus dedos mi voluntad
Es lo único que tengo
Dame desde hoy la fuerza para retorcer
Pescuezos
Cobarde ante muchos
Y no ante ti
Perdona eso
Y no intentes recibir más
Mucho me dañaste.
Ya mucho me dañaste.
Amén.
noviembre 19, 2008
Vallejo y Hernández tocan el tambor
El joven César Buero Vallejo salió de su casa, sin antes olvidar su cartapacio lleno de sueños y recortes de revistas, y se dirigió al centro mismo, a la revelación de la vida y la muerte, el núcleo de sus pasos afiebrados, es decir a la plaza San Martín. Allí vio a la juventud divino tesoro arañar sus barrigas y picar sus ojos, supo que su poesía no caería en pozos, solo en narices arrasadas por la violencia, con la sagrada voz de un exiliado parisino se acerco al negro Juan, y le pidió algo para el cerebro, que era su única arma para sobrellevar la miseria.
Ya con la cuestión, la piedra filosofal en sus manos se dirigió a Quilca, a buscar la preciosa nada, llegó a la esquina y entró a Procuradores, saludó a los respectivos señores de la libertad oprimida y se dirigió a un viejo mirador donde el suelo se convertía en un lienzo color teja con cúpulas con aroma de sufrimiento y cerros empedrados con hambre, ahí prendió un cigarrillo marca acme y contempló el hedor de las pisadas alzarse ferozmente hacia el cielo, aun no llovía pero sentía el ambiente cargado como de pena, llegó a la conclusión de que el día de su muerte la lluvia impediría su entierro, porque hombres de otro mundo no deben yacer en este mundo, la vida y el amor, se hicieron indispensables para sus huesos, se dirigió a su cuarto, no sin antes comer tres panes de trigo y tomarse una gaseosa, es que en momentos de alegría como este, son indispensables, ya en su cuarto dibujó, dibujó y dibujó.
El amor se hizo realidad y lejos de todo y cerca a su vez de todo, esperó que la muerte llegara, para así ponerse su mejor ropa y invitarle un cigarrito saturniano, y así morir feliz.
Ya con la cuestión, la piedra filosofal en sus manos se dirigió a Quilca, a buscar la preciosa nada, llegó a la esquina y entró a Procuradores, saludó a los respectivos señores de la libertad oprimida y se dirigió a un viejo mirador donde el suelo se convertía en un lienzo color teja con cúpulas con aroma de sufrimiento y cerros empedrados con hambre, ahí prendió un cigarrillo marca acme y contempló el hedor de las pisadas alzarse ferozmente hacia el cielo, aun no llovía pero sentía el ambiente cargado como de pena, llegó a la conclusión de que el día de su muerte la lluvia impediría su entierro, porque hombres de otro mundo no deben yacer en este mundo, la vida y el amor, se hicieron indispensables para sus huesos, se dirigió a su cuarto, no sin antes comer tres panes de trigo y tomarse una gaseosa, es que en momentos de alegría como este, son indispensables, ya en su cuarto dibujó, dibujó y dibujó.
El amor se hizo realidad y lejos de todo y cerca a su vez de todo, esperó que la muerte llegara, para así ponerse su mejor ropa y invitarle un cigarrito saturniano, y así morir feliz.
octubre 23, 2008
Carta de un hombre muerto
Nacido un 18 de mayo de 1945 en la provincia de Catacaos – Piura, al norte de la ciudad de Lima, trabajador desde los 15 años en la fábrica de calzado de la familia. A la edad de 18 años ya habiendo acabado el colegio va a Lima para continuar con sus estudios universitarios de Administración de Empresas, teniendo que trabajar en las noches en una imprenta para poder pagar el cuarto alquilado en el que vivía en el centro de la ciudad.
Descubre su verdadera pasión por la escritura, decide empezar a escribir pequeños relatos sobre sí mismo y sobre el entorno de una ciudad bohemia.
Acaba la carrera, decide establecer su propia empresa precisamente de calzado que era el tema que mejor manejaba, en ese entonces tras pedir diversos préstamos al banco y tras varias negativas decide pedirle el préstamo a su padre. Viaja a Piura y habla con él, su padre le cede el préstamo y regresa a Lima para empezar con su empresa de calzado.
Al tiempo de haber empezado con los respectivos trámites, se asocia con una mujer de nombre Yolanda que fue su compañera y mejor amiga durante la universidad, juntos deciden continuar con la empresa. Se enamoran y a los 5 años de haberla establecido se casan. La felicidad no duró mucho porque ella tuvo irse a los EE.UU a ver a su madre que estaba muy enferma y que hacía varios años que se fue para tratarse un cáncer.
Ella le dijo que regresaría en un par de semanas.
Al cabo de seis meses él tuvo noticias de ella: Recibió un sobre sellado conteniendo una carta dónde se le citaba a la morgue de Lima para reconocer el cuerpo de una mujer que había sido repatriado. Era el de su esposa, le dijeron que había muerto en un accidente automovilístico. Él no preguntó nada y se marchó.
Al tiempo dejó de administrar la empresa, ésta quebró, el se hundió en la más profunda depresión.
Regresó a vivir a un viejo hotel en el centro de la ciudad y trataba de refugiarse en el alcohol y las drogas. Así pasaron 2 años; él, aislado totalmente de lo que pasaba a su alrededor sólo se dedicaba a beber y a escribir.
Al no tener más dinero empezó a escribir algunos cuentos para tratar de venderlos. Así, poco a poco, pagaba el cuarto de hotel. Se la pasó meses y meses escribiendo sólo con dos consignas: Publicar 100 ejemplares de una novela corta y comprar un arma para tratar de protegerse en la ciudad.
Cuando llegó al monto de dinero que necesitaba publicó los cien ejemplares y los vendió en su totalidad y con las ganancias que le dejó esa venta salió una noche totalmente alcoholizado, compró un revolver, regresó a su habitación, escribió una carta a su esposa muerta y se pegó un tiro en la sien.
Murió el 19 de agosto de 1988 en un cuarto de hotel a la edad de 42 años.
septiembre 26, 2008
Sin titulo
Posé las manos sobre el frio de un revolver, animal cansado, durmiendo el sueño, ocultándose de sus pasos, lo que podría decir es que no tengo a donde ir, y sacaría de mis bolsillos papeles arrugados y una moneda para intentar comunicarme contigo, y de nuevo hundirme en la espera del revuelo de tus cabellos, es simple muy simple, lograr raspar lo que me cubre sería la labor de tus uñas, y que queda, aun sigo rompiendo zapatillas, botando colillas, escondiéndome de ojos y ojos, soportando las dicha de comer y fumar sabiendo que mañana llegarás, romperás el silencio de radio con tu voz, mientras canto, porque puedo cantar rogándole al viento que nunca te vayas, rogándome que deje de ver ese revolver, animal injusto en mis manos, ecos, balazo rompiendo el silencio mientras estrella todo en la pared, de nuevo, ¿qué queda? el altar que fue mi cuerpo litros y litros de vida fermentándose en el suelo, esperar, seguir esperando, la estupidez de otear los abismos salados cuando la vista roza mi nariz, la ruina y el horror, dos niños jugando en la acera opuesta, el universo próximo ya no se qué decir, rompí los espejos que me recuerdan que el tiempo pasa, y las canciones se acaban, la poesía deja un sabor de dicha que se vuelve mierda en la boca, esperando rayos y rayos de sol y la luna cierra sus ojos al verme cuando bajo ido por calles empedradas con sangre y lagrimas, lagrimas, lagrimas esperando la dicha del sueño eterno, el fin del infierno de tus pasos distantes.
septiembre 20, 2008
SEUDO
Él: Hola amor ¿cómo te va en el trabajo?
Ella: Bien amor y a ti, ¿cómo va todo?
Él: Bien amor, con mucha presión pero haciendo todo lo que debo hacer y tu ¿alguna novedad?
Ella: Un poco cansada pero en la lucha.
Él: Hm… por cierto olvidé comentarte, voy a contratar a una secretaria ya que el trabajo resulta a veces muy pesado y los inversionistas están pidiendo más cosas.
Ella: Ah...qué bueno, mira si son situaciones parecidas; yo también voy a empezar a trabajar con un tipo nuevo, porque ando muy atareada con los papeleos de la empresa.
Él: Que bueno! , te parece si luego hablamos, aun tengo algo que hacer en la oficina.
Ella: Si me imagino amor, entonces más tarde hablamos.
(Dos de la mañana, suena el teléfono fastidiosamente)
Él: Hola amor, ¿estabas durmiendo?
Ella: Si algo, y ¿tú qué haces? ¿Dónde estás?
Él: Ah… en el trabajo, es que hay mucho por hacer, mucho papeleo acumulado.
Ella: Hm… entiendo.
Él: Si pues, bueno… te llamaba porque quería decirte que te extraño.
Ella: Yo también te extraño.
Él: Te dejo dormir mejor, hasta mañana amor.
Ella: Hasta mañana amor.
(Viernes, 2:30 p.m)
Ella: Amor estoy sin internet en el trabajo, ¿tú crees que puedas entrar a mi correo y mandar unos mails a unos clientes?, te paso la contraseña.
Él: Si amor claro, en un momento lo hago.
(Viernes, 10:15 p.m)
Ella: Amor, tú me pasarías la contraseña de tu correo para tenerla, y no se… así de algún modo tener acceso a todas las cosas el uno del otro.
Él: ¿Te parece necesario?
Ella: ¿Pero a que le temes? o ¿tienes algo que ocultar?
Él: No, sólo que no veo la necesidad, pero no tengo ningún problema.
Ella: ¿Amor?, hm… ¿por qué no me dijiste que aún te comunicabas con “ellas”?
Él: Porque estábamos tan bien que no quería malograr el momento.
Ella: ¿Por qué no confías en mi como lo hago yo?, yo te hubiese contado todo si es que acaso hubiese seguido comunicándome con las personas con las que solía salir antes, eres un imbécil que no valoras lo que hago por los dos.
Él: ¿Por qué dices eso?, son cosas sin importancia.
Ella: ¡No! Sólo que tú no confías en mi.
Él: Me harté, piensa lo que quieras.
Ella: Esa es tu salida, ya no quiero hablar de esto adiós. Así de sencillo.
- Llamada telefónica (sábado, 12:40 a.m)
- Llamada telefónica (sábado, 1:30 a.m)
- Llamada telefónica (sábado, 2:50 a.m)
- Llamada telefónica (sábado, 3:15 a.m)
Ella: ¿Si, hola?
Él: ¿Cómo estás?, estuve llamándote pero tu teléfono sonaba ocupado.
Ella: Ah…si es que estaba hablando con un amigo.
Él: ¿Con un amigo hasta las tres de la mañana?
Ella: Si, ¿Por qué?
Él: Seguramente no es sólo un amigo.
Ella: Piensa lo que quieras, no me importa.
Él: Seguro es el que trabaja contigo, te gusta y nunca lo dijiste; además te lo debes estar “cogiendo”.
Ella: Si pues, me lo estoy “cogiendo” así como tú te debes estar “cogiendo” a tu seudo secretaria.
Él: ¡Sí! No sabes como “cogemos”.
Ella: Adiós.
Él: Adiós.
- Llamada telefónica, no contestó (sábado, 8:10 p.m) /// casilla de voz.
Ella: Te llamaba para decirte que espero disfrutes de todas a las que te “coges” que yo haré lo mismo, hasta siempre.
- (El escuchaba del otro lado del teléfono el mensaje que ella dejó, no quiso contestar, dejó las cosas así como estaban, creyó que era lo mejor)
- 8 meses después…
*En un café en el centro de la ciudad, él sentado la ve entrar con un tipo, tomados de la mano; por la puerta de madera añeja como las tazas que han estado paseando de boca en boca durante toda la vida de aquel café.
Ella: ¡Qué! ¿No piensas saludar?
Él: Yo no hablo con putas.
Ella: Ahora dices eso,… putas son esas con las que te acuestas.
Él: Vete, no quiero verte ni hablar contigo, vete con el tipo con el que entraste, con el que te dice que te quiere a diario, con ese imbécil que seguramente me has comparado en algún momento, mejor vete, ya no quiero hablar de ti.
Ella: No se por qué sigo aquí cuando más me botas, no sé qué hiciste en mi que haces que no me vaya.
Él: …pero te fuiste, así que no digas más.
Ella: Nunca me fui, el hombre con el que me viste entrar es amigo de mi hermana, tiene SIDA y es homosexual.
*El lanza una mirada hacia la calle, a través del vidrio que separa el añejo café y una cuenta de 15 soles, con las maniobras de niños en cada esquina; observa a una anciana como si al observarla pudiera hacer que camine jubilosamente.
Ella: ¿Por qué miras tanto a aquella señora?, ¿la conoces?
Él: Déjame tranquilo y vete.
Ella: ¿Por qué estás vestido de negro?, ese color nunca te gustó, ¿por qué no te afeitas, que pasa?
Él: Nada, solo vete con tu acompañante que te debe estar esperando y a mí déjame tranquilo, yo no te llamé.
Ella: Me voy, yo únicamente quería saber cómo estabas; algo de tu antigua ternura.
*Ella se puso de pie con la vehemencia de las chispas de aceite que salen de una sartén, con esa extraña picazón y molestia, con todo eso ella lo miró fijamente mientras él no quería hacer lo mismo.
Él: ¿Quieres escuchar algo tierno?
Él: Mis padres y mi hermano menor murieron anoche en un accidente automovilístico, se mataron en una autopista, no hubo curiosos, no hubo noticia, no hubo velorio, los lloré en silencio, no pude estar con ellos ayer, me odié por eso; pero ya no puedo hacer nada, ellos también se fueron.
*Ella se sentó, ahora con la pasividad de una tarde de verano.
Ella: ¿Por qué no me dijiste nada?
Él: Porque te fuiste.
Ella: Nunca me fui. Te extrañé.
Él: No te atrevas a decir eso, no me extrañaste, tú no eres mía ni yo de nadie; así son las cosas o ¿creías que íbamos a estar juntos toda la vida?
Ella: Lo pude soñar, no asesines eso.
Él: No lo hago. Mientes, ¡mientes! Como todos, por eso te fuiste con otros, por eso y por mi gran mentira.
Ella: Yo jamás me fui de ti. (¿Qué mentira?, ¿en qué mentiste?)
Él: Nunca me escribió nadie del pasado, ni mujeres anteriores ni nada de nada, yo me envié esos correos.
Ella: ¿Por qué, para qué?
Él: Por ti. Para ver lo que sentías, solo escuchaba pero no lo veía, no lo olía, no lo sentía más allá de las palabras.
Ella: …Yo también te mentí.
Él: ¿...y tú en qué?
Ella: Siempre trabajé sola, únicamente inventé eso porque te odié en ese momento, no aguantaba que pases más tiempo con alguien más.
*… se rieron irónicamente, como cuando se está totalmente resignado a una realidad que jamás será como la mayoría de los mortales quiera que sea.
Ella: ¿De qué te ríes?
Él: Yo jamás tuve secretaria.
*Ella lanzó una cachetada sobre su mejilla, sintiendo el rose de su mano con la barba que él no había cortado, sintió algo así como acariciarlo al mismo tiempo, sabía que con esa mano le estaba produciendo un dolor como picazón en el rostro.
Él: Somos una mentira, mejor sigue tu vida, yo la mía.
Ella: No. No puedo dejarte, no quiero.
Él: Míranos, todo se trató de nada, no existió o tal vez sí; la distancia nos traicionó, el tiempo nos amedrentó y se lo permitimos.
Ella: Si, pero jamás dejé de pensarte.
Él: …sólo quiero ir a casa.
Ella: Ven a vivir conmigo.
Él: No puedo, mi trabajo…
Ella: Entonces yo iré contigo, vamos a nuestra casa.
Él: No tenemos “esa casa” no tenemos nada, sólo este momento.
Ella: Mentí. Hace varios meses compré una casa, no iba porque me sentía sola, la compre por nosotros al poco tiempo de aquella discusión, no es muy grande, es casi toda de madera, es como añeja y muy fuerte como de las que tanto me hablabas. Sé que aún en las noches me extrañas.
Él: Mátame ahora.
Ella: ¿Por qué?
Él: Porque no quiero a nadie más que no seas tú.
Ella: Bien amor y a ti, ¿cómo va todo?
Él: Bien amor, con mucha presión pero haciendo todo lo que debo hacer y tu ¿alguna novedad?
Ella: Un poco cansada pero en la lucha.
Él: Hm… por cierto olvidé comentarte, voy a contratar a una secretaria ya que el trabajo resulta a veces muy pesado y los inversionistas están pidiendo más cosas.
Ella: Ah...qué bueno, mira si son situaciones parecidas; yo también voy a empezar a trabajar con un tipo nuevo, porque ando muy atareada con los papeleos de la empresa.
Él: Que bueno! , te parece si luego hablamos, aun tengo algo que hacer en la oficina.
Ella: Si me imagino amor, entonces más tarde hablamos.
(Dos de la mañana, suena el teléfono fastidiosamente)
Él: Hola amor, ¿estabas durmiendo?
Ella: Si algo, y ¿tú qué haces? ¿Dónde estás?
Él: Ah… en el trabajo, es que hay mucho por hacer, mucho papeleo acumulado.
Ella: Hm… entiendo.
Él: Si pues, bueno… te llamaba porque quería decirte que te extraño.
Ella: Yo también te extraño.
Él: Te dejo dormir mejor, hasta mañana amor.
Ella: Hasta mañana amor.
(Viernes, 2:30 p.m)
Ella: Amor estoy sin internet en el trabajo, ¿tú crees que puedas entrar a mi correo y mandar unos mails a unos clientes?, te paso la contraseña.
Él: Si amor claro, en un momento lo hago.
(Viernes, 10:15 p.m)
Ella: Amor, tú me pasarías la contraseña de tu correo para tenerla, y no se… así de algún modo tener acceso a todas las cosas el uno del otro.
Él: ¿Te parece necesario?
Ella: ¿Pero a que le temes? o ¿tienes algo que ocultar?
Él: No, sólo que no veo la necesidad, pero no tengo ningún problema.
Ella: ¿Amor?, hm… ¿por qué no me dijiste que aún te comunicabas con “ellas”?
Él: Porque estábamos tan bien que no quería malograr el momento.
Ella: ¿Por qué no confías en mi como lo hago yo?, yo te hubiese contado todo si es que acaso hubiese seguido comunicándome con las personas con las que solía salir antes, eres un imbécil que no valoras lo que hago por los dos.
Él: ¿Por qué dices eso?, son cosas sin importancia.
Ella: ¡No! Sólo que tú no confías en mi.
Él: Me harté, piensa lo que quieras.
Ella: Esa es tu salida, ya no quiero hablar de esto adiós. Así de sencillo.
- Llamada telefónica (sábado, 12:40 a.m)
- Llamada telefónica (sábado, 1:30 a.m)
- Llamada telefónica (sábado, 2:50 a.m)
- Llamada telefónica (sábado, 3:15 a.m)
Ella: ¿Si, hola?
Él: ¿Cómo estás?, estuve llamándote pero tu teléfono sonaba ocupado.
Ella: Ah…si es que estaba hablando con un amigo.
Él: ¿Con un amigo hasta las tres de la mañana?
Ella: Si, ¿Por qué?
Él: Seguramente no es sólo un amigo.
Ella: Piensa lo que quieras, no me importa.
Él: Seguro es el que trabaja contigo, te gusta y nunca lo dijiste; además te lo debes estar “cogiendo”.
Ella: Si pues, me lo estoy “cogiendo” así como tú te debes estar “cogiendo” a tu seudo secretaria.
Él: ¡Sí! No sabes como “cogemos”.
Ella: Adiós.
Él: Adiós.
- Llamada telefónica, no contestó (sábado, 8:10 p.m) /// casilla de voz.
Ella: Te llamaba para decirte que espero disfrutes de todas a las que te “coges” que yo haré lo mismo, hasta siempre.
- (El escuchaba del otro lado del teléfono el mensaje que ella dejó, no quiso contestar, dejó las cosas así como estaban, creyó que era lo mejor)
- 8 meses después…
*En un café en el centro de la ciudad, él sentado la ve entrar con un tipo, tomados de la mano; por la puerta de madera añeja como las tazas que han estado paseando de boca en boca durante toda la vida de aquel café.
Ella: ¡Qué! ¿No piensas saludar?
Él: Yo no hablo con putas.
Ella: Ahora dices eso,… putas son esas con las que te acuestas.
Él: Vete, no quiero verte ni hablar contigo, vete con el tipo con el que entraste, con el que te dice que te quiere a diario, con ese imbécil que seguramente me has comparado en algún momento, mejor vete, ya no quiero hablar de ti.
Ella: No se por qué sigo aquí cuando más me botas, no sé qué hiciste en mi que haces que no me vaya.
Él: …pero te fuiste, así que no digas más.
Ella: Nunca me fui, el hombre con el que me viste entrar es amigo de mi hermana, tiene SIDA y es homosexual.
*El lanza una mirada hacia la calle, a través del vidrio que separa el añejo café y una cuenta de 15 soles, con las maniobras de niños en cada esquina; observa a una anciana como si al observarla pudiera hacer que camine jubilosamente.
Ella: ¿Por qué miras tanto a aquella señora?, ¿la conoces?
Él: Déjame tranquilo y vete.
Ella: ¿Por qué estás vestido de negro?, ese color nunca te gustó, ¿por qué no te afeitas, que pasa?
Él: Nada, solo vete con tu acompañante que te debe estar esperando y a mí déjame tranquilo, yo no te llamé.
Ella: Me voy, yo únicamente quería saber cómo estabas; algo de tu antigua ternura.
*Ella se puso de pie con la vehemencia de las chispas de aceite que salen de una sartén, con esa extraña picazón y molestia, con todo eso ella lo miró fijamente mientras él no quería hacer lo mismo.
Él: ¿Quieres escuchar algo tierno?
Él: Mis padres y mi hermano menor murieron anoche en un accidente automovilístico, se mataron en una autopista, no hubo curiosos, no hubo noticia, no hubo velorio, los lloré en silencio, no pude estar con ellos ayer, me odié por eso; pero ya no puedo hacer nada, ellos también se fueron.
*Ella se sentó, ahora con la pasividad de una tarde de verano.
Ella: ¿Por qué no me dijiste nada?
Él: Porque te fuiste.
Ella: Nunca me fui. Te extrañé.
Él: No te atrevas a decir eso, no me extrañaste, tú no eres mía ni yo de nadie; así son las cosas o ¿creías que íbamos a estar juntos toda la vida?
Ella: Lo pude soñar, no asesines eso.
Él: No lo hago. Mientes, ¡mientes! Como todos, por eso te fuiste con otros, por eso y por mi gran mentira.
Ella: Yo jamás me fui de ti. (¿Qué mentira?, ¿en qué mentiste?)
Él: Nunca me escribió nadie del pasado, ni mujeres anteriores ni nada de nada, yo me envié esos correos.
Ella: ¿Por qué, para qué?
Él: Por ti. Para ver lo que sentías, solo escuchaba pero no lo veía, no lo olía, no lo sentía más allá de las palabras.
Ella: …Yo también te mentí.
Él: ¿...y tú en qué?
Ella: Siempre trabajé sola, únicamente inventé eso porque te odié en ese momento, no aguantaba que pases más tiempo con alguien más.
*… se rieron irónicamente, como cuando se está totalmente resignado a una realidad que jamás será como la mayoría de los mortales quiera que sea.
Ella: ¿De qué te ríes?
Él: Yo jamás tuve secretaria.
*Ella lanzó una cachetada sobre su mejilla, sintiendo el rose de su mano con la barba que él no había cortado, sintió algo así como acariciarlo al mismo tiempo, sabía que con esa mano le estaba produciendo un dolor como picazón en el rostro.
Él: Somos una mentira, mejor sigue tu vida, yo la mía.
Ella: No. No puedo dejarte, no quiero.
Él: Míranos, todo se trató de nada, no existió o tal vez sí; la distancia nos traicionó, el tiempo nos amedrentó y se lo permitimos.
Ella: Si, pero jamás dejé de pensarte.
Él: …sólo quiero ir a casa.
Ella: Ven a vivir conmigo.
Él: No puedo, mi trabajo…
Ella: Entonces yo iré contigo, vamos a nuestra casa.
Él: No tenemos “esa casa” no tenemos nada, sólo este momento.
Ella: Mentí. Hace varios meses compré una casa, no iba porque me sentía sola, la compre por nosotros al poco tiempo de aquella discusión, no es muy grande, es casi toda de madera, es como añeja y muy fuerte como de las que tanto me hablabas. Sé que aún en las noches me extrañas.
Él: Mátame ahora.
Ella: ¿Por qué?
Él: Porque no quiero a nadie más que no seas tú.
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